Estos días que dedicamos al poeta Ángel González aprovecho para leer la Antología Palabra sobre palabra que no había tenido ocasión de leer hasta ahora. Hoy me he encontrado con dos poemas en los que me he parado y leído varias veces, uno lo conocía y el otro no. Solo quería compartirlo.
Por aquí pasa un río
Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo las arenas,
aclarando las aguas,
puliendo los guijarros, perdonando
a las embelesadas
azucenas...
No vas tú por el río:
es el río el que anda
detrás de ti, buscando en ti
el reflejo, mirándose en tu espalda.
Si vas de prisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo las arenas,
aclarando las aguas,
puliendo los guijarros, perdonando
a las embelesadas
azucenas...
No vas tú por el río:
es el río el que anda
detrás de ti, buscando en ti
el reflejo, mirándose en tu espalda.
Si vas de prisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa.
El otoño cruzaba
El otoño cruzaba
las colinas de débiles
temblores. Cada
hoja caída
estremecía toda una montaña
Leve rumor de luces y de brisas
rodaba por el valle, se acercaba.
Los pájaros dejaban bruscamente
temblorosas las ramas
cayéndose hacia el cielo, arrebatados
por una fuerza extraña.
Las carnosas ortigas
se apretaban
como un rebaño
inquieto. Levantaban del agua
su cabeza, los juncos.
Las verdinegras zarzas
se crecían.
Imperceptibles, más delgadas
por la tensa postura de su espera,
las hierbas, anhelantes...
Tú llegabas,
y una amarilla paz de hojas caídas
reponía el silencio a tus espaldas.
las colinas de débiles
temblores. Cada
hoja caída
estremecía toda una montaña
Leve rumor de luces y de brisas
rodaba por el valle, se acercaba.
Los pájaros dejaban bruscamente
temblorosas las ramas
cayéndose hacia el cielo, arrebatados
por una fuerza extraña.
Las carnosas ortigas
se apretaban
como un rebaño
inquieto. Levantaban del agua
su cabeza, los juncos.
Las verdinegras zarzas
se crecían.
Imperceptibles, más delgadas
por la tensa postura de su espera,
las hierbas, anhelantes...
Tú llegabas,
y una amarilla paz de hojas caídas
reponía el silencio a tus espaldas.





Gracias por compartirlo. Hacía tiempo que no leía nada de Ángel González.
ResponElimina(Me he dado cuenta que no han aparecido mensajes que he dejado porque me he ido de la página antes de hacer la verificación de los comentarios... lo siento! Le daba a publicar y me iba...)
Leer a Ángel González es siempre un placer. Me alegro que te haya gustado. :)
EliminaY por los comentarios no te preocupes, a todos nos pasa en algún momento.
Besos!