Os dejo con el trailer que me apasiona...
Besos, hermosos !!!

Sabia el nom de la mama. Aquell home no era un desconegut qualsevol.Va tornar a parlar, però ho va fer tan fluixet que la Laurel no el va poder sentir i només va veure com la seva mare assentia lleugerament amb el cap. La mama se l’escoltava amb el cap inclinat al costat. Va alçar la cara en direcció al sol i va tancar els ulls un segon.
I l’escena següent va passar molt ràpid.
La Laurel sempre recordaria el flaix d’argent líquid. Com els raigs del sol es reflectien a la fulla, un instant breu i preciós.
I tot seguit el ganivet, l’especial, va baixar de cop i es va enfonsar al pit de l’home. El temps es va alentir, i va anar a una velocitat vertiginosa alhora. L’home va cridar i va fer una ganyota de sorpresa i dolor i terror; i la Laurel li tenia la mirada clavada a les mans i va veure com s’agafava al mànec d’os del ganivet, on la sang se li escampava en forma de taca per la camisa; i com queia estès a terra, amb el vent calent que se li emportava el barret arrossegant-lo pel terra polsegós.
El gos no parava de lladrar histèric, el petitó plorava damunt la grava, tenia la cara roja i brillant de tant d’esforç, el cor li anava massa ràpid, però per la Laurel, tots aquells sons s’anaven apagant. Els sentia per sota els seus panteixos i els galops líquids de la seva pròpia sang.
El ganivet havia perdut el llaç i la punta de la cinta ara s’arrossegava per les pedres que marcaven el perímetre del jardí. Allò va ser l’últim cosa que la Laurel va veure abans que el camp de visió se li omplís d’estrelles minúscules que van començar a pampalluguejar fins a apagar-se completament i ennegrir-se tot.
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| PREMI SANT JORDI DE NOVEL.LA 2012 |
Un momento después tres hombres lobo daban vueltas alrededor de nosotros, sin atreverse a levantar la vista.
Me acerqué con cautela a mi ropa y empecé a vestirme, y mientras lo hacía fui explicando:
—En este momento, la viuda necesitará ver una cara familiar, porque, si no me equivoco, acaba de ser testigo del cambio de tres miembros de tu manada.
—No te equivocas —confirmó Magnusson—. ¿Es de confianza?
—Plena. Hace dos días me vio matar a alguien y me ofreció su patio trasero para que enterrara el cadáver.
—¿En serio? —Magnusson enarcó las cejas, sorprendido—. Eso sí que es una mujer.
—Tú lo has dicho. —Sonreí, mientras me subía los pantalones y guardaba las llaves, con el papelito, en el bolsillo—. Pero es probable que ahora mismo esté un poco asustada. Cuando la bruja haya terminado —hice un gesto hacia Laksha-Granuaile, que seguía entonando palabras misteriosas en una especie de trance—, pídele que se aleje un paso de la espada y que te deje cogerla, pues yo te lo he pedido. Si se niega, envía a un lobo a buscarme, pero no la ataques. Basta con que no la dejes marcharse.
—¿Quieres que te mande a un lobo a ladrarte, como si fuera Lassie? —Magnusson parecía indignado.
—Vale, pues entonces ven tú mismo a buscarme —dije haciendo un mueca mientras me ponía la camiseta—. Con un poco de suerte, llegaré a tiempo para que la sangre no llegue al río.
Corrí a la parte delantera de la casa, al porche. Allí estaba la viuda chillando a los hombres lobo que quedaban, incluyendo al doctor Snorri Jodursson, que se fueran todos de su jardín, bichos horripilantes.
—Señora MacDonagh, no pasa nada, no son peligrosos...
—¡Ay! Atticus, tú no serás uno de ellos, ¿verdad? —La viuda levantó un brazo para protegerse la garganta.
—No, yo no soy como ellos —la tranquilicé.
—¡Unos cuantos amigos tuyos se han convertido en unos perros enormes delante de mis ojos!
Tomó un par de bocanadas de aire y se agarró a la barandilla para no caerse.
—Ya lo sé. Pero no le harán daño.
—¿Qué? —Me miró como si fuera a regañarme—. ¡No irás a decirme que todo ha sido producto del alcohol!
—No, lo que ha visto es real. Pero no pasa nada.
—¿Por qué? ¿Es que son irlandeses?
—Son islandeses, la mayoría. Los más jóvenes han nacido en Estados Unidos.
—Espera un momento. ¿Islandia no fue una colonia inglesa?
—No, era una colonia nórdica. Escúcheme, señora MacDonagh, lo siento mucho, pero tengo unos amigos un poco extraños. Eso sí: ninguno es inglés y ninguno le hará daño nunca.
—Creo que me debes una explicación, Atticus.